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Ken vuelve a la caja

Jordan Bardella, nacido el 13 de septiembre de 1995, se convirtió durante unos meses en el nuevo rostro de referencia de la extrema derecha europea, y se veía desbancando a Napoleón como el jefe de estado de Francia más joven de la historia. No obstante, el denominado "Ken" francés tendrá que esperar de momento en su caja.


La caída judicial de Le Pen y el ascenso provisional de Bardella


El 31 de marzo de 2025, el Tribunal Correccional de París declaró culpables de detracción de fondos públicos europeos a varios eurodiputados y asistentes del entonces Frente Nacional/Rassemblement National (RN), entre ellos Marine Le Pen. En primera instancia, Le Pen fue condenada a cuatro años de prisión, de los cuales dos años firmes debían cumplirse bajo vigilancia electrónica, y a cinco años de inhabilitación con ejecución inmediata, además de una multa de 100.000 euros. Esa inhabilitación la dejaba, en principio, fuera de la carrera presidencial de 2027.



Le Pen recurrió la sentencia y, el 7 de julio de 2026, la Corte de Apelación de París confirmó su culpabilidad pero rebajó las penas:

  • Tres años de prisión, con un año firme bajo brazalete electrónico y dos años con suspensión de condena.

  • 45 meses de inhabilitación, de los cuales 30 quedan en suspenso, es decir, 15 meses de inhabilitación efectiva.

  • Mantenimiento de la multa de 100.000 euros.


La propia corte considera que esos 15 meses de inhabilitación firme ya se han cumplido desde la condena de primera instancia en marzo de 2025, por lo que, técnicamente, Marine Le Pen puede presentarse a las elecciones presidenciales francesas de 2027, aunque tendría que hacerlo bajo vigilancia electrónica durante el año de prisión firme.


En el intervalo entre la primera y la segunda sentencia, el liderazgo efectivo del RN y del espacio de extrema derecha lo encarnó Jordan Bardella, que a sus 30 años ha sido percibido durante mucho tiempo como el protegido de Le Pen, pero también como un dirigente más pragmático que su mentora.


Bardella en Europa y su distanciamiento internacional


La línea política de Bardella se aproxima más al modelo de Giorgia Meloni que al de Nigel Farage:

  • Frente a la Unión Europea, Bardella adopta una postura eurocrítica, no abiertamente euroescéptica.

  • No ha defendido ni el Frexit ni la salida de Francia del euro.

  • Sus años en el Parlamento Europeo han contribuido a un giro estratégico en la extrema derecha agrupada hoy en torno a Patriots for Europe (PfE): menos discurso de “asaltar los cielos” y más voluntad de influir en el diseño de políticas públicas desde dentro de las instituciones.



En el plano internacional, Bardella tampoco arrastraba el lastre putinista que durante años marcó a Marine Le Pen. La veterana líder de la extrema derecha mantuvo una relación política y financiera con el Kremlin, incluido el célebre préstamo de 9 millones de euros concedido por un banco ruso en 2014, y defendió reiteradamente posiciones alineadas con los intereses estratégicos de Moscú, desde la erosión de la UE hasta la legitimación del autoritarismo de Putin. Tras la invasión de Ucrania en 2022, ese vínculo se convirtió en un pasivo político que ha ido perdiendo apoyos incluso dentro de la extrema derecha europea.


Bardella, sin embargo, también ha tenido sus propios retratos caídos del despacho durante su breve ascenso. En el pasado expresó simpatía por Donald Trump, en 2024 llegó a decir que su “corazón se inclinaba hacia Trump”, pero en los últimos años ha dado un giro completo. Por razones tanto estratégicas como ideológicas, ha pasado a rechazar explícitamente cualquier apoyo del presidente estadounidense.


En entrevistas de 2026 (POLITICO, Le Figaro, Brussels Reporter), Bardella calificó a Trump de “errático”, “inestable” y “no deseable para Europa”, y afirmó que “Trump nunca ha sido mi modelo”. También dejó claro que no aceptaría un respaldo similar al que Trump ofreció a Viktor Orbán en las elecciones húngaras.


La guerra comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea, junto con los excesos retóricos y diplomáticos de Trump hacia Europa, está empujando a la extrema derecha continental a borrarse de las fotos con él. Incluso figuras que antes lo admiraban, como Bardella, han optado por distanciarse para evitar quedar asociados a un líder cuya imprevisibilidad y agresividad hacia Bruselas resultan políticamente tóxicas en el contexto europeo actual y futuro.


El retorno de Le Pen y el impacto electoral en el RN


El regreso de Marine Le Pen al ticket presidencial puede reducir el margen de crecimiento del RN en el próximo ciclo electoral. La cuatro veces candidata al Elíseo arrastra un desgaste político mayor que Bardella, cuya figura ha ganado tracción en los últimos años.


Las encuestas sitúan a Bardella en torno al 35 % de intención de voto y a Le Pen alrededor del 33 %. Aunque ambos mantienen un apoyo elevado dentro del electorado de derechas, la diferencia refleja que Bardella proyecta una imagen más renovada y menos polarizadora, especialmente entre votantes jóvenes y sectores moderados que rechazan el legado prorruso y más ideológico de Le Pen.



Con la vuelta de Marine Le Pen a la primera fila, pueden aflorar tensiones internas en el RN, especialmente con quien ya se veía presidiendo cada miércoles el Conseil des ministres en el Elíseo. Aunque Jordan Bardella es hoy más popular y su  su red de captación de votos supera a la de Le Pen, lo cierto es que compite contra una monarquía hereditaria de facto: el RN ha sido, desde su fundación, un partido estructuralmente lepenista.


Creado en 1972 por Jean‑Marie Le Pen como una formación de extrema derecha con un marcado componente antisemita, el liderazgo pasó de padre a hija, y las estructuras, cuadros y redes internas siguen estando profundamente vinculados al apellido Le Pen. Bardella ha logrado apelar a una base electoral más amplia, fruto de una imagen política más pragmática, pero debe enfrentarse a un aparato que, durante décadas, ha funcionado como una dinastía política con fuerte control orgánico y simbólico.


Ya en la carrera presidencial francesa queda por despejar la incógnita del heredero político de Emmanuel Macron, que aún no ha designado a un sucesor claro para el espacio del autodenominado centro político. La ausencia de una figura consensuada dentro de Renaissance y del bloque macronista añade un elemento de incertidumbre a un escenario ya tensionado por el retorno de Marine Le Pen y la presumible repetición de Jean-Luc Mélenchon.

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