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El Estado de Israel según los árabes

12 dic 2025
5 min de lectura

El Estado de Israel y su fundación han sido analizados desde múltiples perspectivas: históricas, religiosas, sociológicas, geoestratégicas, entre otras. Se ha interpretado como un Estado surgido tras el trauma de la Segunda Guerra Mundial; como el hogar ancestral del pueblo judío; como la única democracia en Oriente Medio; como la avanzada de Occidente en una región rica en recursos naturales; y mucho más.


Sin dejar de lado este amplio acervo interpretativo, hoy proponemos una mirada distinta, una que no se remonta ni a octubre de 2023, ni a 1967, ni siquiera a 1947. De hecho, no nos situaremos en un periodo histórico en el que los judíos hayan sido actores principales. Analizaremos el Estado de Israel como un fenómeno que muchos árabes —tanto seculares como religiosos— tienen presente al abordar el conflicto.


Israel, el estado neocruzado


La fecha de referencia será 1096, cuando los cruzados dieron inicio a la Primera Cruzada. Aunque el término "cruzada" es propio de la historiografía cristiana, en las fuentes árabes de la época se habla de invasiones francas (frany). Fue un momento en el que los principales reinos cristianos de Europa, bajo el auspicio papal, enviaron oleadas de combatientes —formados por soldados de fortuna, exconvictos y nobles sin tierras— a conquistar territorios del actual Turquía, Líbano, Palestina, Siria y Egipto.


El paralelismo histórico con el comportamiento del Estado de Israel ha sido señalado por algunos analistas. Al igual que los reinos cruzados en Tierra Santa, Israel ha sido percibido por ciertos sectores árabes como una entidad impuesta y sostenida por la fuerza militar, sin fronteras fijas más allá de las que puede defender militarmente. Los primeros cruzados encontraron escasa resistencia inicial debido a la fragmentación del mundo islámico, que no se unificaría de forma efectiva hasta la llegada del líder kurdo Salah ad-Din (Saladino) casi un siglo después. No obstante, la ocupación cruzada distó mucho de ser pacífica.


El pintor francés Émile Signol recreó en este lienzo la conquista de la ciudad por los cruzados: Godofredo de Bouillon da gracias a Dios ante Pedro el Ermitaño. 1847. Castillo de Versalles.
El pintor francés Émile Signol recreó en este lienzo la conquista de la ciudad por los cruzados: Godofredo de Bouillon da gracias a Dios ante Pedro el Ermitaño. 1847. Castillo de Versalles.

El modus operandi de las tropas cruzadas incluyó, en muchos casos, la masacre o expulsión de la población local, el saqueo y la destrucción de propiedades, así como la ocupación de ciudades para establecer colonos europeos. La brutalidad de estas campañas fue documentada por cronistas como Ali ibn al-Athir y Alberto de Aquisgrán. Uno de los episodios más infames fue el sitio de Maarat an-Numan en diciembre de 1098, durante la Primera Cruzada, donde, según fuentes cristianas y musulmanas, algunos cruzados recurrieron al canibalismo debido a una supuesta la hambruna.


En cuanto a la población musulmana que permaneció en los territorios ocupados por los cruzados, como el Reino de Jerusalén (establecido en 1099), sufrieron diversas formas de discriminación y restricciones religiosas. Aunque algunos musulmanes pudieron quedarse, especialmente como campesinos o artesanos, el acceso a lugares de culto fue limitado, y hubo presiones para la conversión, especialmente durante las primeras décadas del reino. Las humillaciones eran más frecuentes por parte de los cruzados recién llegados, que solían mostrar mayor fanatismo religioso que los colonos establecidos.


El aspecto religioso inherente a las Cruzadas no siempre se mantuvo con el fervor proclamado por sus promotores. Tras la conquista de ciudades consideradas sagradas, muchos lugares santos fueron saqueados en busca de reliquias, objetos valiosos y tesoros que pudieran ser vendidos o utilizados como símbolos de prestigio. Aunque la motivación religiosa fue central al principio, en la práctica, las campañas cruzadas estuvieron marcadas por intereses materiales, ambiciones personales y comportamientos que contradecían el ideal cristiano de peregrinación armada.


Los Sucesos de Maarat. Los Cruzados, orígenes y consecuencias por by Claude Lebedel
Los Sucesos de Maarat. Los Cruzados, orígenes y consecuencias por by Claude Lebedel

De la misma forma ocurrió en el lado musulmán del conflicto, en el que durante muchas décadas primó el enfrentamiento interno al combate a los cruzados. De hecho era común que un visir, sultán o rey musulmán de turno invocase la causa de combatir la guerra santa o yihad cuando se encontraba con el agua al cuello. Las alianzas entre los bloques no eran infrecuentes. Conocido es el caso del visir Shawar, quién una vez conquistado Egipto (1164) gracias a Shirkud, el tío de Saladino, le expulso del califato y solicito ayuda militar al rey Amalarico I de Jerusalén para que le defendiera de los propios musulmanes.


Este periodo histórico es visto tanto por árabes seculares como musulmanes como un momento especialmente traumático, ya que las Cruzadas y, más tarde, las invasiones mongolas del siglo XIII pusieron en grave peligro la estabilidad y continuidad del mundo islámico como organizaciones políticas e identidad cultural.


Las invasiones cristianas (1096–1291) desgastaron al mundo musulmán durante casi dos siglos, mientras que las incursiones mongolas en la segunda mitad del siglo XIII —culminando con la caída de Bagdad en 1258 y la destrucción del Califato abasí— representaron un choque devastador. No obstante, el islam y los árabes sobrevivieron a esta “guerra en dos frentes” gracias a varios factores:


  • El agotamiento de los reinos cruzados, cuya fórmula militar y política se volvió insostenible tras dos siglos de conflicto.

  • La efimeridad del imperio mongol, que se fragmentó rápidamente en kanatos regionales con intereses divergentes.

  • La capacidad de reorganización interna, especialmente bajo los mamelucos de Egipto, que derrotaron a los mongoles en la batalla de Ain Jalut (1260) y consolidaron el poder musulmán en la región.

  • Factores circunstanciales (“suerte”), como la muerte de grandes líderes mongoles que frenó campañas de expansión más profundas en Oriente Medio.


Este periodo también ha tenido réplicas de mayor o menor impacto pero que siempre se puede remontar a este periodo como es el caso del imperialismo europeo (principalmente británico y francés) del siglo XVIII, XIX y XX, y como ya hemos visto la imposición del Estado de Israel.


La historia no se repite pero rima


El surgimiento del Estado de Israel no puede entenderse sin considerar que los países árabes de la región habían sufrido décadas de imperialismo colonial europeo, lo que dejó sociedades fragmentadas y con dificultades para consolidar estructuras estatales propias tras la caída del Imperio otomano. Paralelamente, entre 1947 y 1948, con el fin del Mandato Británico y la guerra árabe-israelí, se desencadenó un proceso de desplazamiento masivo de población palestina —conocido como la Nakba—. A ello se sumaron políticas de asentamiento, la renombración de ciudades y pueblos, y una narrativa civilizatoria que buscaba legitimar la construcción de un nuevo Estado en términos culturales e históricos frente a la supuesta “barbarie” atribuida al mundo islámico.


Un hombre habla con soldados israelíes durante una protesta palestina contra las marchas planeadas por los colonos judíos cerca de Hebrón, en la Cisjordania ocupada por Israel. © REUTERS/Mussa Qawasma
Un hombre habla con soldados israelíes durante una protesta palestina contra las marchas planeadas por los colonos judíos cerca de Hebrón, en la Cisjordania ocupada por Israel. © REUTERS/Mussa Qawasma

El proyecto sionista de “hacer florecer el desierto” remite simbólicamente a la idea de construir el reino de los cielos: una misión de carácter casi divino que movilizó ingentes cantidades de personas y recursos para colonizar Tierra Santa.


El mundo árabe, como ya ocurrió en los siglos XI y XII, se encuentra dividido y enfrentado. Basta observar la historia reciente de los enfrentamientos entre Hamás y Fatah o la guerra civil siria. No fue hasta la llegada de Saladino en 1174 —ochenta años después del inicio de las Cruzadas— que la región pudo hacer frente a los estados cruzados, prolongando el conflicto durante otro siglo. Del mismo modo, el Estado de Israel, al igual que los reinos cruzados, solo ha podido mantenerse en pie gracias a un continuo estado de guerra con su entorno, una situación que, como demuestra la historia en tantas ocasiones, no puede sostenerse indefinidamente.

1 comentario

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JUAN LUIS DÍAZ QUIDIELLO
JUAN LUIS DÍAZ QUIDIELLO
14 dic 2025
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Pato platino

Qué cierto es que la historia no se repite, pero rima.

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