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Como Corea puede tener la bomba

19 jun 2025
5 min de lectura

Actualizado: 18 jul 2025

La guerra congelada entre las Coreas es uno de los conflictos irresueltos más antiguos del mundo. El armisticio de 1953 dejó a la nación dividida entre dos sistemas político-económicos contrapuestos: el Sur capitalista y el Norte juche.

Con su hermano a la espalda, una niña coreana cansada de la guerra camina junto a un tanque M-46 parado, en Haengju, Corea el 9 de junio de 1951.
Con su hermano a la espalda, una niña coreana cansada de la guerra camina junto a un tanque M-46 parado, en Haengju, Corea el 9 de junio de 1951.

El statu quo establecido en Corea generó fuertes incentivos para que ningún actor tuviera interés en reactivar el conflicto. Estados Unidos garantizaba un aliado fiel en el Sur, lo que le permitía proyectarse en esa orilla del Pacífico. Por otro lado, para China y la Unión Soviética, la Corea de los Kim servía como un "colchón" frente a EE.UU.; además, al ser países con frontera directa con el Norte, una posible caída del régimen y la consiguiente crisis de refugiados era un escenario que debían evitar. Japón, como nación sin ejército desde la Segunda Guerra Mundial, quedaría extremadamente expuesto ante cualquier conflicto armado en su vecindad. Por esa razón, aunque la situación en la península coreana no era del agrado de ninguna de las partes, la alternativa resultaba mucho peor. En consecuencia, la frontera se ha mantenido.

Mapa de la península de Corea y su vecindad próxima
Mapa de la península de Corea y su vecindad próxima

El conflicto tampoco interesaba a los gobiernos de ambas Coreas. Corea del Sur ha experimentado un desarrollo acelerado desde la década de 1990, hasta posicionarse entre las principales potencias económicas mundiales. Si hay algo destructivo para los negocios y el desarrollo económico, es una guerra total por la supervivencia del Estado. Para garantizar que el Norte no tomara la iniciativa, el Sur desarrolló un poder militar convencional (no nuclear) lo suficientemente fuerte y avanzado como para disuadir posibles incursiones.


En cambio, el gobierno del Norte ha considerado históricamente que Seúl es un gobierno títere de Estados Unidos y que, por lo tanto, no tiene "culpa" de la rivalidad. Corea del Norte, que ha sido un país pobre, sufrió las consecuencias del colapso de la Unión Soviética y una gran hambruna con la llegada de Kim Jong-il, al tiempo que reforzaba considerablemente el papel del ejército en la vida pública norcoreana. A pesar de ser muy numeroso (el cuarto más grande del mundo, por detrás de EE.UU.) y el más denso del planeta, el ejército norcoreano está mal equipado y cuenta con material anticuado. Sin embargo, esta percepción de debilidad ha cambiado desde que Pyongyang logró desarrollar la bomba atómica. Desde entonces, ha dejado de considerar a los surcoreanos como "rehenes" del imperialismo estadounidense para verlos como potenciales enemigos a los que se puede vencer.


Esta última postura está poniendo en alerta a los líderes políticos y militares surcoreanos, además de a los estadounidenses. Cuando un país percibe que tiene una gran superioridad militar sobre otro, especialmente si es vecino, suele adoptar una actitud más agresiva en los ámbitos diplomático y comercial, entre otros. Esta postura se intensifica cuando esa superioridad está respaldada por el arma definitiva: el arma nuclear.


El desequilibrio de fuerzas en la península coreana está inclinando la balanza a favor de Kim Jong-un, especialmente desde que Corea del Norte ha desarrollado misiles intercontinentales (serie Hwasong 14-19) con capacidad nuclear y alcance suficiente para atacar gran parte del territorio estadounidense, ya que alcanza los 15.000 km. Así que, en un eventual conflicto, la implicación de Estados Unidos en defensa de su aliado surcoreano está en entredicho, ya que existen dudas razonables sobre si un presidente estadounidense estaría dispuesto a arriesgar la destrucción de Los Ángeles o San Francisco para proteger Seúl.


Ante esta realidad, la mayoría de la población y del establishment surcoreano se está inclinando cada vez más hacia el desarrollo de un programa nuclear propio. A continuación, analizaremos los posibles escenarios para restablecer un equilibrio militar disuasorio en la península:


  1. Desarrollar la bomba nuclear: Desarrollar la bomba nuclear: Esta vía contempla la posibilidad de que Seúl desarrolle un programa nuclear autónomo, como hicieron Francia, el Reino Unido o Pakistán. En este escenario, Corea del Sur rompería el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), que firmó en 1968 y ratificó en 1975. Por su parte, Corea del Norte se retiró del tratado en 2003. Al mismo tiempo, esto podría incentivar a otros países con vecinos conflictivos a desarrollar sus propios programas nucleares. Naciones como Polonia, Ucrania, Irán o Taiwán podrían sentirse legitimadas para dar ese paso, aumentando el riesgo para la seguridad global. Además, esta decisión afectaría la proyección de poder de Estados Unidos en la región, ya que, como mencionamos anteriormente, las potencias nucleares tienden a actuar con mayor independencia y se sienten con más fuerza para impulsar su propia agenda en el ámbito internacional.


  2. El táper nuclear: Esta opción podría considerarse un subtipo de la anterior, pero reduciría considerablemente las perspectivas de proliferación. Consiste en que Corea del Sur desarrolle su propio programa nuclear, pero lo deje incompleto por un margen mínimo. La idea subyacente es que el país no construya el arma nuclear completa, pero que tenga la capacidad de hacerlo en pocas semanas o días. Con esta estrategia, Pyongyang podría incluir en su cálculo estratégico la posibilidad de que Seúl posea el arma nuclear sin tenerla desarrollada por completo. El temor a que Corea del Sur ante un eventual cruce de una línea roja, complete su arsenal podría funcionar como un incentivo disuasorio suficiente.


  3. La Corea Occidental: Esta vía contempla un escenario similar al que ocurrió en la República Federal Alemana durante la Guerra Fría. En aquella época, la Alemania occidental contaba con armas nucleares estadounidenses dentro del marco de la OTAN. Si bien podía beneficiarse de la disuasión nuclear en su territorio, Bonn no tenía el control para activar los misiles. Siguiendo este modelo, se considera un posible aumento de la tensión en la región de Asia-Pacífico debido al acercamiento de cabezas nucleares estadounidenses a las fronteras de China y Rusia. Además, esto implicaría significativamente a EE.UU. en un eventual conflicto del que no podría rehuir.


El consenso dentro de Corea es que la obtención del arma nuclear es una necesidad, y dentro de ese consenso, la mayoría apuesta por desarrollar su propio programa (70,9%). La opción de permitir el alojamiento de cabezas nucleares estadounidenses también cuenta con respaldo mayoritario, aunque en menor medida (63,8%). Este apoyo se encuentra en máximos históricos y está estrechamente ligado a la creciente sensación de inseguridad. Asimismo, la confianza en que Estados Unidos intervendrá en caso de que Corea del Norte utilice la bomba atómica es aún más reducida (53%).


En el contexto del conflicto que ha escalado exponencialmente entre Israel e Irán desde el 13 de junio de 2025, motivado por el desarrollo del programa nuclear iraní, es previsible que la península coreana siga un camino similar. La percepción de riesgo real por parte de Corea del Norte ante una posible nuclearización del Sur podría legitimarla para llevar a cabo una intervención militar preventiva.

Así quedó la instalación nuclear de Natanz, clave para el enriquecimiento de uranio iraní, tras los ataques de Israel el 13 de junio de 2025
Así quedó la instalación nuclear de Natanz, clave para el enriquecimiento de uranio iraní, tras los ataques de Israel el 13 de junio de 2025

Ante este escenario, Corea del Sur se enfrenta a una encrucijada histórica. La decisión de avanzar hacia la nuclearización tendrá profundas implicaciones en la estabilidad regional, la seguridad internacional y las alianzas estratégicas. Si opta por desarrollar su propio arsenal, alterará el equilibrio de poder y cambiará su papel en la geopolítica asiática. Por otro lado, mantener la disuasión bajo el paraguas nuclear de Estados Unidos podría garantizar estabilidad, pero a costa de una dependencia estratégica que cada vez se percibe más frágil.


El futuro de la península coreana, y con ello la seguridad global, depende de cómo los actores involucrados manejen la creciente tensión y los riesgos asociados a la proliferación nuclear.

2 comentarios

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¿Estados Unidos pernitiría que Corea tuviese armamento nuclear? ¿No sería un antecedente peligroso? Si al final todos los paises tienen la bomba, tenerla daria cada vez menos poder. En cualquier caso, qué desastre. Se están cayendo todos los acuerdos que permitían vivir menos angustiados.

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Pablo Díaz Gayoso
Pablo Díaz Gayoso
19 jun 2025
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Existen indicios razonables para pensar que EEUU no está cómodo con esta situación. El Departamento de Energía ha designado a Corea del Sur como un país "delicado", una clasificación que restringe significativamente la colaboración en áreas de tecnología avanzada, incluyendo la energía nuclear y la inteligencia artificial (IA). En esta lista también se encuentra India y Rusia.

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