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EEUU y el Nuevo Desorden Mundial

La administración Trump ha dado un nuevo y contundente golpe de timón en la política exterior de Estados Unidos. En un movimiento que profundiza una tendencia ya establecida, el gobierno, a través de un comunicado respaldado por figuras como el exsenador y actual Secretario de Estado, Marco Rubio, ha anunciado la retirada formal de 66 organizaciones internacionales. Este paso, lejos de ser aislado, consolida una doctrina de desvinculación multilateral que está reconfigurando los pilares de la cooperación global.


Marcos Rubio, Secretario de Estado de los EEUU
Marcos Rubio, Secretario de Estado de los EEUU

 

La naturaleza de estas organizaciones—en su mayoría enfocadas en desarrollo, ayuda humanitaria, inclusión y medioambiente—revela una clara intencionalidad estratégica. No se trata de ajustes técnicos, sino de un distanciamiento deliberado de los marcos normativos y agendas colectivas que han dominado el orden liberal de posguerra. Esta retirada masiva se inscribe en la misma línea que las polémicas salidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la UNESCO y la UNRWA, decisiones que ya habían encendido las alarmas en las cancillerías mundiales.

 

La justificación oficial esboza una priorización de los "valores americanos" y los intereses nacionales frente a lo que se califica como "agendas globalistas y progresistas". Sin embargo, el efecto tangible va más allá de un mero cambio de prioridades. En la práctica, esta sucesión de desenganches institucionales constituye una marcha acelerada hacia una autarquía geopolítica: un repliegue consciente que busca redefinir el rol de Estados Unidos en el mundo, sustituyendo el liderazgo basado en alianzas y bienes públicos globales por un ejercicio unilateral y transaccional del poder.


Donald J. Trump, Presidente de los EEUU
Donald J. Trump, Presidente de los EEUU

 

Este unilateralismo tiene implicaciones profundas. Cada retirada no solo debilita la arquitectura institucional que gestiona desafíos globales, sino que también crea vacíos de poder y genera incertidumbre. La erosión sistemática del soft power tradicional estadounidense—aquel basado en la atracción, la cooperación y la legitimidad—es quizás la consecuencia más significativa a medio plazo. Paradójicamente, mientras Washington proclama "America First", su capacidad para moldear resultados y generar consenso en foros multilaterales disminuye.

 

La política exterior de esta administración, caracterizada por gestos de fuerza, rupturas diplomáticas bruscas y un lenguaje que a menudo desafía las convenciones, ha tenido un impacto desestabilizador. Acciones como la intensificación de la presión máxima sobre Venezuela—una estrategia que indica más bien un cambio de régimen con el fin último de reconfigurar el control de recursos petrolíferos—o las declaraciones sobre Groenlandia, que reviven una lógica de poder desprovista de sutileza diplomática, son sintomáticas de este nuevo enfoque.



Bombardeos por parte de las fuerzas militares estadounidenses en Caracas, Venezuela
Bombardeos por parte de las fuerzas militares estadounidenses en Caracas, Venezuela

 

Este repliegue autárquico y agresivo no ocurre en un vacío. Mientras Estados Unidos se desvincula, otras potencias observan y ajustan sus estrategias. El rearme y la afirmación de soberanía por parte de actores regionales y globales pueden leerse, en parte, como una respuesta a este vacío de liderazgo y a la percepción de un poder hegemónico volátil. La pregunta que se impone es si el sistema internacional logrará encontrar un nuevo equilibrio o si, por el contrario, se adentrará en una fase de mayor fragmentación y competición entre bloques.

 

Estados Unidos está librando una batalla interna sobre su identidad en el escenario mundial. La doctrina "America First", traducida en retiradas multilaterales y un nacionalismo férreo, ha reemplazado el internacionalismo que durante décadas fue su marca distintiva. El resultado es un panorama geopolítico más impredecible y menos institucionalizado.



El desafío para el resto del orden mundial—aliados y competidores por igual—es navegar esta nueva realidad, fortaleciendo los marcos de cooperación que permanecen y preparándose para un futuro donde las reglas pueden ser más fluidas y la competencia, más desinhibida. Los próximos años definirán si esta autarquía es un paréntesis o la nueva normalidad de una superpotencia que elige caminar sola.

 

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Invitado
hace 5 días
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Análisis y claves muy interesantes. ¡Gracias!

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