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Aplanar la pendiente

El aburrido y redundante debate en la izquierda sobre el constante regreso a la unidad para volver a las disputas internas ha aflorado de nuevo. Tras la experiencia en las elecciones en Aragón donde ha ido dividida en tres partidos (Chunta Aragonesista, IU - Movimiento Sumar y Podemos), la fragmentación y la desgana han vuelto a pasar factura a los dos últimos ya que Sumar-IU ha mantenido el escaño que tenía mientras que los morados han tenido algo más de 6.000 votos (por comparar, el partido de Alvise ha tenido casi 18.000 votos) mientras que por el contrario la Chunta Aragonesista ha ganado unos 30.000 votos que se han traducido en tres representantes más, doblando los escaños que ya tenían tras confiar en un candidato acertado que ha sabido traer algo de ilusión hablando de Aragón en una campaña gris y con temas en clave nacional introducidos por los demás partidos. Sin embargo, la sensación que hay a la izquierda del PSOE (y dentro del él) es la de bajar los brazos y observar poco a poco la sangría hasta perder el gobierno y que llegue el Partido Popular con los apoyos parlamentarios de VOX. Para evitar esto, Gabriel Rufián, uno de los políticos que mejor está sabiendo moverse en este ambiente, ha propuesto una alianza de izquierdas.


Pese a la gran cantidad de declaraciones y análisis sesudos sobre si la piscina de la unidad tiene agua o no, parece que la frase más relevante y con sentido fue pronunciada por él mismo: “Quizá tengo un 0% de apoyo político, pero creo que tengo apoyo popular”. Y es que parece que quienes vendían que los diputados solo tendrían que estar dos legislaturas como máximo e irse a casa o que los sillones daban igual, están continuamente hablando de problemas insignificantes para la gente, de reparto de dinero público por los escaños obtenidos y quién encabezará la lista, como ya pasó en las elecciones generales anteriores con la ruptura dentro de Sumar o recientemente en algunas comunidades autónomas. Debido esto, Gabriel Rufián se encuentra dentro del mito de Sísifo escrito por Albert Camús en el que como castigo tiene que llegar a la cima de una montaña empujando una roca en una cuesta ascendiente.



Hay dos posibilidades: por un lado, que encabece una plataforma electoral como ya hizo Yolanda Díaz con Sumar en el que, aunque sea de forma instrumental, una persona de Murcia pueda votar lo mismo que una de Asturias. Crear una marca única y reconocible permite que el votante de izquierda lo tenga mucho más fácil a la hora de elegir una papeleta: PSOE o el Frente de Izquierdas (o cualquiera que sea el nombre que se elija). La concentración del voto podría surgir efecto y, siguiendo con el mito de Sísifo, esta cuesta ascendente tendría dos niveles distintos porque aunque la primera parte previa a las elecciones tiene cierta inclinación, después viene lo peor: decidir el reparto de los roles en el congreso como quién será el portavoz, quién estará en las comisiones de investigación, el reparto económico según el número de escaños o qué pasará en las votaciones clave: ¿habrá unidad de voto? ¿Entrarán en el gobierno?


Por otro lado está la otra opción que quizá tenga un coste de elección ciertamente complicado pero que a la larga la pendiente es mucho más leve: apoyar a un partido de izquierdas dentro de cada comunidad autónoma para aunar fuerzas. Esto puede hacer que el partido que no reciba el apoyo de Gabriel Rufián quiera presentarse igualmente a las elecciones y tirar por la borda el proyecto en su conjunto. En un ejemplo muy evidente: ¿qué pasará con Comuns? El partido más potente de la izquierda en Cataluña es Esquerra Republicana pero eso podría dejar huérfano al votante progresista que no votaría al PSOE y que no termina de sentirse cómodo con un partido independentista. ¿Qué pasa en Andalucía? ¿Se vota a un partido regionalista andaluz como es Adelante Andalucía que tiene un potencial de crecimiento alto o al partido que tuvo mayor representación en las ultimas elecciones que es una coalición entre Sumar, Verdes e IU? Esta opción implicaría que los partidos entiendan la importancia histórica de las siguientes elecciones generales y que quizá es mejor dar un paso al lado.


Obviamente también cabe la opción de que antes de llegar a las elecciones, Rufián se canse de las peleas internas de la izquierda y se quede en su lugar de confort que representa para él una Esquerra Republicana que parece más Esquerra que Republicana (en términos independentistas). Lo cierto es que un proyecto de esta magnitud debería ir desde la gente y los militantes de base hacia arriba y no que el líder ya presuponga de antemano qué es lo que piensan y evitar el debate interno. Lo cierto es que pese a que desde el comienzo parece que no hay mucha ilusión en los diferentes líderes del territorio, el votante progresista está hablando de ilusión frente a una derecha que viene en modo crucero.


No se sabe qué pasará con este proyecto y si surgirá efecto, lo claro es que para que la roca avance, la pendiente debe de ser aplanada por la gente común, no por cinco lideres repartidos en el territorio con su porción ínfima de ego y poder político.

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Invitado
hace 8 horas
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Muy buen análisis!

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