La ideología populista
- Pablo Díaz Gayoso

- 18 nov 2025
- 4 Min. de lectura
La palabra populista se ha utilizado con frecuencia como una forma de descalificar a un adversario político o de menospreciar un proyecto político, pero rara vez se ha definido con precisión el concepto. Desde Podemos a Donald Trump se ha insinuado que comparten ideología, la ideología populista. Sin embargo, ¿podemos hablar del populismo en esos términos?
La ideología: marco interpretativo de la acción política
Para comenzar, es necesario aclarar qué entendemos por ideología, ya que este término también ha sido frecuentemente malinterpretado y desvirtuado en el debate público. En filosofía política y ciencia política, una ideología se define como un sistema estructurado de ideas, creencias y valores que permite a los individuos y colectivos interpretar la realidad social, formular juicios sobre ella y orientar la acción política.

Lejos de ser una simple colección de opiniones, la ideología actúa como un marco interpretativo —un “mapa cognitivo”— que organiza la percepción del mundo. Esta cosmovisión está profundamente influida por factores como la clase social, la cultura, el sexo, el género, la relación con el medio ambiente, las condiciones laborales, las estructuras sociales y la identidad nacional.
En este sentido, la ideología puede entenderse como una caja de herramientas simbólica: contiene principios, valores y narrativas que utilizamos para decidir cómo nos relacionamos con nuestro entorno, cómo distribuimos los recursos, cómo concebimos la justicia o incluso cómo empleamos nuestro tiempo libre. Algunas de estas herramientas resultan especialmente útiles para abordar ciertos problemas sociales o políticos, mientras que otras pueden permanecer inactivas, relegadas al fondo de la caja.
Tener una ideología —ya sea explícita o implícita— es tan humano como respirar. El concepto de ideología es indispensable para comprender el comportamiento político contemporáneo, ya que permite analizar cómo las personas y los grupos construyen sentido, legitiman el poder y proyectan futuros deseables.
Populismo: ¿ideología o estrategia?
Ahora vamos a analizar en qué consiste el populismo, ya que, una vez definida la ideología, conviene preguntarse si ambos conceptos son compatibles. El populismo puede entenderse como una lógica política que se articula en torno a cinco principios fundamentales:
La exaltación del “pueblo” como entidad moralmente pura, portadora de virtudes cívicas, nacionales o religiosas.
La construcción de una élite corrupta, presentada como la fuente de todos los males que aquejan a la comunidad política.
La dicotomía radical entre pueblo y élite, concebida como una frontera insalvable, casi esencialista o “biológica”.
La figura del líder populista, que se presenta como la encarnación del pueblo, nunca como parte de la élite, aunque en la práctica pueda formar parte de ella.
Una visión redentora del futuro, que promete una regeneración política, moral y social a través de la voluntad popular.
La combinación de estos elementos configura lo que se denomina un movimiento populista. Sin embargo, el populismo no ofrece soluciones concretas a los problemas sociales, sino que actúa como una estrategia discursiva o una forma de hacer política más que como una ideología coherente y sistemática.
Esta interpretación estratégica del populismo ha sido defendida por autores como Ernesto Laclau, quien lo define como una lógica de articulación política basada en la construcción de un antagonismo entre el “pueblo” y la “casta” o élite. También se puede ver como una ideología “débil”, que se combina con otra "fuerte" como el nacionalismo, el socialismo o el neoliberalismo.

Entender el populismo como una estrategia permite explicar por qué proyectos políticos tan diversos —como el movimiento MAGA en Estados Unidos, Podemos en España, Javier Milei en Argentina o el BJP en la India— han sido calificados como populistas. Todos ellos comparten una retórica centrada en la oposición pueblo/élite, aunque sus propuestas ideológicas y sus objetivos políticos sean muy distintos.
En realidad, la mayoría de los partidos políticos recurren en algún grado a estrategias populistas, especialmente en contextos democráticos donde la competencia electoral incentiva la simplificación del discurso y la polarización. El populismo es una respuesta recurrente a las crisis de representación y a la desafección ciudadana hacia las instituciones tradicionales. Por ello, también podemos hablar de momentos populistas: periodos en los que esta estrategia domina el panorama político-electoral, impulsada por un aumento de la polarización afectiva.
La polarización afectiva ocurre cuando la pertenencia a uno de los polos políticos, religiosos o culturales se convierte en incompatible con la vida social respecto al otro. Este fenómeno se refleja en la cantidad de personas de tu círculo íntimo —con quienes compartes libremente tu tiempo— que pertenecen a una ideología percibida como contraria a la propia. Podemos ver esta en la tendencia a creer o no a lo que dicen los líderes políticos de tu polo opuesto. En sus versiones más extremas, esta polarización puede desembocar en guerras civiles o conflictos armados. Un ejemplo contemporáneo es la guerra en Ucrania, donde la separación entre rusoparlantes y ucranianoparlantes se ha intensificado desde 2014.

Conclusión
El populismo no debe entenderse como una ideología en sí misma, sino como una estrategia política que puede adoptar múltiples formas ideológicas. Su fuerza radica en la capacidad de movilizar emociones colectivas mediante una narrativa simplificada de antagonismo entre el pueblo y la élite. En contextos de alta polarización afectiva, esta estrategia se vuelve especialmente eficaz, aunque también puede erosionar los fundamentos deliberativos de la democracia. Comprender el populismo como una lógica de acción más que como un cuerpo doctrinal permite analizar con mayor precisión su impacto en la política contemporánea.










Pienso la mayoría de los partidos políticos recurren en algún ALTO grado a estrategias populistas
Según lo que se dice en el artículo ¿Cabría una visión positiva del populismo?